
La sombra del dolor
Esta es una de las experiencias que más me cuesta compartir, aun sin empezar, mi corazón se ha puesto chiquitico y un nudo en mi garganta impide que las lágrimas salgan, pero cuando empecé este blog no me imaginaba lo liberador que es para mí escribir acerca de mis experiencias personales donde he experimentado el amor y el cuidado de mi hermoso Señor. Por esto pienso que una de las cosas que debo liberar mi corazón es del dolor que me embarga cuando recuerdo ésta experiencia y espero que al igual que yo a alguien le sirva y pueda experimentar el tierno cuidado de Dios a su alrededor.
Siendo muy joven y estando recién casado, el anhelo mayor de mi corazón y la alegría más grande que había sentido en toda mi vida (después de la experiencia de ser salvado por el Señor) fue cuando recibí ésta noticia de parte de mi esposa: “estoy embarazada” una emoción me invadió y un gran susto (no lo puedo negar). Mi mente empezó a trabajar a millón, imaginándome ya cuidando al bebé, jugando, llevándola al colegio, aconsejándola, conociendo a sus compañeros de clases, regañándola (pero con amor), y hasta celándola de futuros enamorados que tuviera. Ah se me olvido comentar que lo primero que oré a Dios fue: “que sea una hembra, que sea una hembra, que sea una hembra” y no miento esa fue literalmente la oración que hice porque no sé porqué pero siempre anhelé que mi primer hijo fuese una hermosa niña.
Mi esposa empezó a hacerle sus ropitas, bordaba hermosos dibujos en sus camisitas, y cada vez que yo llegaba del trabajo ella me mostraba lo que había hecho durante el día. Recuerdo que fue a su primer control prenatal (creo que así se dice) y el médico le dijo que todo estaba bien, le indicó que debía hacerse un ecosonograma y no sabíamos ni que era eso (éramos inexpertos en todo) pero mi sabia suegra nos tomó a los dos y nos llevó a la ciudad de Barquisimeto para que ella se hiciera ese examen y estando allí la doctora que manejaba ese aparato nos dijo el bebé está bien, aun es pronto para saber su sexo pero usted (refiriéndose a mi esposa) tiene el útero bicorne y tiene un solo riñón. Pero nos dijo que eso era de nacimiento y que con cuidados ni mi esposa ni el bebe corrían peligro.
Seis meses y medio tenía ya la barriguita de mi esposa, y una noche cuando regreso del trabajo me dan la noticia de que la han llevado de urgencia al hospital porque el bebe se adelantó. ¡Qué! Exclamé y corrí hacia allá. Mi esposa ya estaba en labor de parto y mi mamá me acompañaba, casi toda la noche de pie frente a la maternidad con mi viejita ahí junto a mí solo podíamos orar y lo hacíamos.
Recuerdo que muy de madrugada, no sé qué hora era, después de ver salir muchos niños recién nacidos hacia lo que llaman el retén donde los colocan después de nacer, vi que sacaron un bebe pequeñito, pero muy pequeñito que llamó mi atención y causó una gran ternura, pero seguía esperando noticias, ya que cuando gritaron el nombre de la bebe y de su mamá (era la forma que avisaban a los familiares de las parturientas que ese bebe era su familia) esos nombres no me sonaban para nada porque dijeron mal el nombre de mi esposa y ahora que lo pienso no nos había dado chance de escoger nombre para el bebe porque aun faltaba mucho para su nacimiento.
Pasó mucho rato sin tener noticias y me acerqué a una enfermera mal encarada que me respondió de mala manera, “ya esa mujer parió y la niña está en incubadora en cuidados neonatal”. Fui a donde la “amable” enfermera me dijo y me dieron allí información: la niña (yo pensé gracias Dios por oírme, es niña) pero y cuando oí ese pero algo por dentro acabó con mi alegría, prosiguió la enfermera (ésta sí fue amable de verdad) nació con problemas respiratorios porque sus pulmones no están bien desarrollados aun y esperemos a ver cómo evoluciona su caso, puede pasar un minuto a verla y luego sale.
Entre a esa sala, solo estaba ella, vi escrito su nombre sobre la incubadora, mi esposa en el apremio del momento le puso como yo, su papá, Karla Romero. Me asomé y la vi, era la misma niña que me enterneció al salir de la sala de parto, hay quienes dicen que la sangre llama, y en ese momento pensé que era verdad. La miré y le dije: hola, segunda vez que nos vemos y recuerdo claramente que le dije allí calladito TE AMO. En seguida llegó la enfermera y me pidió salir y pensé que minuto más lindo he pasado.
No sabía yo en ese momento que ese sería el único y último minuto que vería a mi bella hija con vida, dieciocho horas más tarde moriría a causa de un paro respiratorio. Solo un minuto la vi y no la he olvidado, ni la olvidaré por el resto de mi vida. Cuando me dijeron que había fallecido sentí y no estoy hablando metafóricamente, que me habían quebrado el corazón y sentí como cada pedazo caía hasta el fondo de mí. Para colmo me dicen que tengo que ser yo el que le dé la noticia a mí esposa. Me llené de falso valor y fui hasta donde estaba ella en su habitación (bueno compartida con 20 mujeres más) estaba dormida, la desperté y ella me sonrió (eso hizo más difícil mi misión) no sabía cómo decírselo, y le tomé la mano y recuerdo que le dije: nuestra muchachita se murió.
Hasta ese momento no había llorado aunque estaba destrozado. Estaba triste, furioso, sí furioso con Dios porque pensaba que no era justo lo que él me estaba haciendo. Fui a casa de mi mamá, no sabía qué hacer ni qué decir. No quería que me hablaran ni hablar. Y luego de un buen rato en un cuarto de la casa de mi mamá simplemente exploté. Lloré como creo que nunca en mi vida lo había hecho, gritaba y gemía, tanto que le partía el alma a mi hermosa mamá, dice ella aun: nunca lo he visto así.
En ese momento la sombra del dolor me había cubierto por completo. Ahora mismo cuando estoy escribiendo esto mis lágrimas están corriendo por mi cara. En ese momento no quería saber nada de Dios ni de palabras de consuelo. Mucha gente que me aprecia pasó por ese cuarto donde me enclaustré y me decían lo que se acostumbra a decir en esas ocasiones de dolor. Pero hubo alguien, una joven de la iglesia, no muy espiritual cómo ella decía que dijo estas palabras: “Yo no sé mucho de Biblia, y no sé decir cosas que animen pero te digo esto: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Eso está en alguna parte de la Biblia” y se fue.
Pasó mucho tiempo, y cuando digo mucho es mucho tiempo, y yo meditaba en esas palabras de esa joven, yo sabía que era el versículo 4 del Salmo 23, porque ese es mi salmo favorito. Un día sentado en la sala de mi casa recordé ese pasaje (yo seguía muy molesto con Dios, pero no se lo decía a mi esposa) tomé mi Biblia, y lo leí creo que como 20 veces… y fue cuando me detuve en la parte final del versículo: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” oré en ese momento al Señor (tenía mucho tiempo que no lo hacía) y recuerdo que dije algo como esto: “Señor, tengo tiempo que no te hablo, tu lo debes saber y también el porqué no lo hago, este pasaje dice que tu vara y tu cayado me infundirán aliento, si de verdad te importo algo (repito, yo estaba muy molesto con Él) infúndeme ese aliento, porque no tengo ganas de vivir siquiera, me siento decepcionado de ti” recuerdo que ni amén dije.
Me levanté de donde estaba y salí al patio de la casa, mi esposa estaba cocinando y me detuve en medio de ese patio y miré al cielo y sentí una paz, indescriptible, algo como si me hubiesen quitado un peso enorme de encima. Mi esposa me llamó a comer, comimos y no le dije nada de lo que sentía. La invité a dar un paseo, caminamos por el pueblo, hablamos de todo, llegamos a casa y por primera vez en casi un año hablamos de la muerte de la bebe. Por primera vez lloramos juntos, nos desahogamos mutuamente, ella sentía lo mismo que yo (rabia) y no lo hablábamos, pero fue necesario que Dios me consolara a mi primero para poder hablar de eso.
En ese momento entendí que Dios, a través de su Espíritu Santo me había dado consuelo, su hermoso consuelo divino, para que yo pudiera apoyar a mi esposa. Había una luz en medio del Valle de Sombra del dolor (como yo lo llamo, cambio la palabra muerte por dolor). No hay nada más exquisito que sentir el consuelo de mi Dios. En ese momento me di cuenta que ya no estaba enojado con Dios. Le pedí perdón, y sé que me perdonó por eso. Aun sigo sin entender porqué permitió Él que yo pasara con eso, pero no me importa porque no soy quién para cuestionar al Creador del Universo.
Desde ese momento comencé a buscar conocerle más a Él, no solo a saber acerca de Él, sino a conocerle personalmente, a establecer una relación más íntima. Le doy gracias a Él porque a través de esa experiencia he podido soportar tres casos más de dolor de pérdidas de otros bebes. Ha sido muy doloroso cada caso, pero Dios me había preparado para cada uno de ellos.
Hoy día no tengo hijos, pero le agradezco a Dios por haberme dado un corto minuto al lado de Karla, ese minuto que me sentí papá, es el que Dios usa para consolarme cada día. Le doy gracias al Señor por cada joven que se acerca a mí y me dice que me siente como su papá, eso me hace muy feliz y trato de que cuando le aconsejo hacerlo como si realmente fuese mi hija o mi hijo. Todo el amor que no he podido dar a mis propios hijos lo vuelco sobre esa o ese joven que aconsejo.
Esta es una de las experiencias que más me cuesta compartir, aun sin empezar, mi corazón se ha puesto chiquitico y un nudo en mi garganta impide que las lágrimas salgan, pero cuando empecé este blog no me imaginaba lo liberador que es para mí escribir acerca de mis experiencias personales donde he experimentado el amor y el cuidado de mi hermoso Señor. Por esto pienso que una de las cosas que debo liberar mi corazón es del dolor que me embarga cuando recuerdo ésta experiencia y espero que al igual que yo a alguien le sirva y pueda experimentar el tierno cuidado de Dios a su alrededor.
Siendo muy joven y estando recién casado, el anhelo mayor de mi corazón y la alegría más grande que había sentido en toda mi vida (después de la experiencia de ser salvado por el Señor) fue cuando recibí ésta noticia de parte de mi esposa: “estoy embarazada” una emoción me invadió y un gran susto (no lo puedo negar). Mi mente empezó a trabajar a millón, imaginándome ya cuidando al bebé, jugando, llevándola al colegio, aconsejándola, conociendo a sus compañeros de clases, regañándola (pero con amor), y hasta celándola de futuros enamorados que tuviera. Ah se me olvido comentar que lo primero que oré a Dios fue: “que sea una hembra, que sea una hembra, que sea una hembra” y no miento esa fue literalmente la oración que hice porque no sé porqué pero siempre anhelé que mi primer hijo fuese una hermosa niña.
Mi esposa empezó a hacerle sus ropitas, bordaba hermosos dibujos en sus camisitas, y cada vez que yo llegaba del trabajo ella me mostraba lo que había hecho durante el día. Recuerdo que fue a su primer control prenatal (creo que así se dice) y el médico le dijo que todo estaba bien, le indicó que debía hacerse un ecosonograma y no sabíamos ni que era eso (éramos inexpertos en todo) pero mi sabia suegra nos tomó a los dos y nos llevó a la ciudad de Barquisimeto para que ella se hiciera ese examen y estando allí la doctora que manejaba ese aparato nos dijo el bebé está bien, aun es pronto para saber su sexo pero usted (refiriéndose a mi esposa) tiene el útero bicorne y tiene un solo riñón. Pero nos dijo que eso era de nacimiento y que con cuidados ni mi esposa ni el bebe corrían peligro.
Seis meses y medio tenía ya la barriguita de mi esposa, y una noche cuando regreso del trabajo me dan la noticia de que la han llevado de urgencia al hospital porque el bebe se adelantó. ¡Qué! Exclamé y corrí hacia allá. Mi esposa ya estaba en labor de parto y mi mamá me acompañaba, casi toda la noche de pie frente a la maternidad con mi viejita ahí junto a mí solo podíamos orar y lo hacíamos.
Recuerdo que muy de madrugada, no sé qué hora era, después de ver salir muchos niños recién nacidos hacia lo que llaman el retén donde los colocan después de nacer, vi que sacaron un bebe pequeñito, pero muy pequeñito que llamó mi atención y causó una gran ternura, pero seguía esperando noticias, ya que cuando gritaron el nombre de la bebe y de su mamá (era la forma que avisaban a los familiares de las parturientas que ese bebe era su familia) esos nombres no me sonaban para nada porque dijeron mal el nombre de mi esposa y ahora que lo pienso no nos había dado chance de escoger nombre para el bebe porque aun faltaba mucho para su nacimiento.
Pasó mucho rato sin tener noticias y me acerqué a una enfermera mal encarada que me respondió de mala manera, “ya esa mujer parió y la niña está en incubadora en cuidados neonatal”. Fui a donde la “amable” enfermera me dijo y me dieron allí información: la niña (yo pensé gracias Dios por oírme, es niña) pero y cuando oí ese pero algo por dentro acabó con mi alegría, prosiguió la enfermera (ésta sí fue amable de verdad) nació con problemas respiratorios porque sus pulmones no están bien desarrollados aun y esperemos a ver cómo evoluciona su caso, puede pasar un minuto a verla y luego sale.
Entre a esa sala, solo estaba ella, vi escrito su nombre sobre la incubadora, mi esposa en el apremio del momento le puso como yo, su papá, Karla Romero. Me asomé y la vi, era la misma niña que me enterneció al salir de la sala de parto, hay quienes dicen que la sangre llama, y en ese momento pensé que era verdad. La miré y le dije: hola, segunda vez que nos vemos y recuerdo claramente que le dije allí calladito TE AMO. En seguida llegó la enfermera y me pidió salir y pensé que minuto más lindo he pasado.
No sabía yo en ese momento que ese sería el único y último minuto que vería a mi bella hija con vida, dieciocho horas más tarde moriría a causa de un paro respiratorio. Solo un minuto la vi y no la he olvidado, ni la olvidaré por el resto de mi vida. Cuando me dijeron que había fallecido sentí y no estoy hablando metafóricamente, que me habían quebrado el corazón y sentí como cada pedazo caía hasta el fondo de mí. Para colmo me dicen que tengo que ser yo el que le dé la noticia a mí esposa. Me llené de falso valor y fui hasta donde estaba ella en su habitación (bueno compartida con 20 mujeres más) estaba dormida, la desperté y ella me sonrió (eso hizo más difícil mi misión) no sabía cómo decírselo, y le tomé la mano y recuerdo que le dije: nuestra muchachita se murió.
Hasta ese momento no había llorado aunque estaba destrozado. Estaba triste, furioso, sí furioso con Dios porque pensaba que no era justo lo que él me estaba haciendo. Fui a casa de mi mamá, no sabía qué hacer ni qué decir. No quería que me hablaran ni hablar. Y luego de un buen rato en un cuarto de la casa de mi mamá simplemente exploté. Lloré como creo que nunca en mi vida lo había hecho, gritaba y gemía, tanto que le partía el alma a mi hermosa mamá, dice ella aun: nunca lo he visto así.
En ese momento la sombra del dolor me había cubierto por completo. Ahora mismo cuando estoy escribiendo esto mis lágrimas están corriendo por mi cara. En ese momento no quería saber nada de Dios ni de palabras de consuelo. Mucha gente que me aprecia pasó por ese cuarto donde me enclaustré y me decían lo que se acostumbra a decir en esas ocasiones de dolor. Pero hubo alguien, una joven de la iglesia, no muy espiritual cómo ella decía que dijo estas palabras: “Yo no sé mucho de Biblia, y no sé decir cosas que animen pero te digo esto: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Eso está en alguna parte de la Biblia” y se fue.
Pasó mucho tiempo, y cuando digo mucho es mucho tiempo, y yo meditaba en esas palabras de esa joven, yo sabía que era el versículo 4 del Salmo 23, porque ese es mi salmo favorito. Un día sentado en la sala de mi casa recordé ese pasaje (yo seguía muy molesto con Dios, pero no se lo decía a mi esposa) tomé mi Biblia, y lo leí creo que como 20 veces… y fue cuando me detuve en la parte final del versículo: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” oré en ese momento al Señor (tenía mucho tiempo que no lo hacía) y recuerdo que dije algo como esto: “Señor, tengo tiempo que no te hablo, tu lo debes saber y también el porqué no lo hago, este pasaje dice que tu vara y tu cayado me infundirán aliento, si de verdad te importo algo (repito, yo estaba muy molesto con Él) infúndeme ese aliento, porque no tengo ganas de vivir siquiera, me siento decepcionado de ti” recuerdo que ni amén dije.
Me levanté de donde estaba y salí al patio de la casa, mi esposa estaba cocinando y me detuve en medio de ese patio y miré al cielo y sentí una paz, indescriptible, algo como si me hubiesen quitado un peso enorme de encima. Mi esposa me llamó a comer, comimos y no le dije nada de lo que sentía. La invité a dar un paseo, caminamos por el pueblo, hablamos de todo, llegamos a casa y por primera vez en casi un año hablamos de la muerte de la bebe. Por primera vez lloramos juntos, nos desahogamos mutuamente, ella sentía lo mismo que yo (rabia) y no lo hablábamos, pero fue necesario que Dios me consolara a mi primero para poder hablar de eso.
En ese momento entendí que Dios, a través de su Espíritu Santo me había dado consuelo, su hermoso consuelo divino, para que yo pudiera apoyar a mi esposa. Había una luz en medio del Valle de Sombra del dolor (como yo lo llamo, cambio la palabra muerte por dolor). No hay nada más exquisito que sentir el consuelo de mi Dios. En ese momento me di cuenta que ya no estaba enojado con Dios. Le pedí perdón, y sé que me perdonó por eso. Aun sigo sin entender porqué permitió Él que yo pasara con eso, pero no me importa porque no soy quién para cuestionar al Creador del Universo.
Desde ese momento comencé a buscar conocerle más a Él, no solo a saber acerca de Él, sino a conocerle personalmente, a establecer una relación más íntima. Le doy gracias a Él porque a través de esa experiencia he podido soportar tres casos más de dolor de pérdidas de otros bebes. Ha sido muy doloroso cada caso, pero Dios me había preparado para cada uno de ellos.
Hoy día no tengo hijos, pero le agradezco a Dios por haberme dado un corto minuto al lado de Karla, ese minuto que me sentí papá, es el que Dios usa para consolarme cada día. Le doy gracias al Señor por cada joven que se acerca a mí y me dice que me siente como su papá, eso me hace muy feliz y trato de que cuando le aconsejo hacerlo como si realmente fuese mi hija o mi hijo. Todo el amor que no he podido dar a mis propios hijos lo vuelco sobre esa o ese joven que aconsejo.
Al terminar de escribir esta experiencia, no han parado de correr las lágrimas por mis mejillas, me doy cuenta que aun necesito la sanación de Dios para mi vida en este tema, pero el hecho de que lo comparta es un avance, y yo sé que lo que mi buen Dios comienza LO PERFECCIONA, y sé que Él sanará completamente mi corazón.
Oración: Gracias Señor, porque un día me tocaste para darme consuelo, pasaste tu mano por mi cabeza mientras me decías: “Yo sé lo que estás sintiendo, lo que estás pensando, solo confía en mí que yo sé lo que hago. Tienes mi Espíritu Santo para que te consuele y guíe por sendas que desconoces”. Aun no comprendo qué quieres conmigo Señor, solo sé que confío en ti. Amén
Experimentando a Dios en mi Vida: El Señor ha permitido que mucha gente me dé su explicación de por qué creen ellos que Dios ha permitido que pase por esas situaciones, yo lo escucho pero sé que la verdadera razón solo la sabe Dios. Él ha permitido que le experimente en mi vida de diferentes y extrañas maneras y se lo agradezco. Le agradezco por permitirme conocer a muchachos que necesitan el consejo y a veces solo el cariño de un padre y yo he estado ahí para suplir en algo esa carencia, a la vez que me permite sentirme como papá. GRACIAS Señor por tu consuelo y tu paz. TE AMO POR ESE MINUTO ETERNO QUE ME REGALASTE. Eres y serás siempre un Tesoro especial en mi vida, TE AMO.
Oración: Gracias Señor, porque un día me tocaste para darme consuelo, pasaste tu mano por mi cabeza mientras me decías: “Yo sé lo que estás sintiendo, lo que estás pensando, solo confía en mí que yo sé lo que hago. Tienes mi Espíritu Santo para que te consuele y guíe por sendas que desconoces”. Aun no comprendo qué quieres conmigo Señor, solo sé que confío en ti. Amén
Experimentando a Dios en mi Vida: El Señor ha permitido que mucha gente me dé su explicación de por qué creen ellos que Dios ha permitido que pase por esas situaciones, yo lo escucho pero sé que la verdadera razón solo la sabe Dios. Él ha permitido que le experimente en mi vida de diferentes y extrañas maneras y se lo agradezco. Le agradezco por permitirme conocer a muchachos que necesitan el consejo y a veces solo el cariño de un padre y yo he estado ahí para suplir en algo esa carencia, a la vez que me permite sentirme como papá. GRACIAS Señor por tu consuelo y tu paz. TE AMO POR ESE MINUTO ETERNO QUE ME REGALASTE. Eres y serás siempre un Tesoro especial en mi vida, TE AMO.