miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿IMITADORES DEL SEÑOR?


Hace poco conversé con una jovencita “cristiana” que me dijo que su mayor aspiración era ser como Paris Hilton (qué ejemplo). Le pregunté, ¿Estarías dispuesta a morir por causa de Jesús y su obra? Y la joven me respondió (creo que lo hizo pensando que era lo que yo quería oír) ¡Claro, que estoy dispuesta a morir por mi Señor! Entonces le pregunté: ¿Estarías dispuesta a vivir por el Señor? Y ella no supo contestar.
Como autómatas respondemos cosas que otros quieren oír, o simplemente para quedar bien. Pienso que en la época de los mártires mucha gente murió por causa de Jesús y hoy día en los sitios donde está prohibido el evangelio es loable la gente que pone en riesgo su vida por causa del evangelio del Señor. Pero, donde hay libertad, es fácil decir: ¡Estoy dispuesto a morir por Jesús! Pero en estos sitios es mucho más loable y difícil decir ¡Estoy dispuesto a vivir por y como Jesús!
En la carta de Pablo a los Efesios en la Biblia nos dice: “Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados” pero yo me pregunto: ¿Por qué nos parecemos tanto al mundo? Él también nos dice: Bienaventurado los pobres, los que sufren… pero pedimos por más prosperidad económica y por menos dolor… ¿qué pasa con aquellos grupos que fomentan estas cosas? Acaso no leen las Escrituras.
Alguien me dijo también que no era fácil imitar a Jesús o lo que es lo mismo, ser un buen cristiano, porque estamos rodeados de maldad y el ambiente nos obliga a ser como somos. Yo me pregunto: ¿Acaso, Jesús no se la pasó rodeado de ladrones, prostitutas, mentirosos, arrogantes? Y ¿Cómo fue su actitud? Él no se contaminó con el mundo, al contrario, impactaba al mundo donde estaba por ser completamente diferente a ellos.
Ante las circunstancias de la vida, qué cosa aflora de nosotros, ¿La actitud de Jesús? O ¿La del mundo? ¿Aflora en nosotros el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, fe, templanza, mansedumbre, dominio propio? A veces me avergüenzo cuando como “cristianos” reaccionamos tal como lo haría alguien que no conoce de Dios. Y lo que es peor, cuando lo hacemos lo contrario que haría un cristiano, siempre hay una excusa o razón “de peso” para haberlo hecho.
Me pregunto, si Jesús en persona nos pasara por un lado ¿Lo reconoceríamos? ¿Sería Jesús aceptado como miembro de nuestras iglesias de hoy? Tal vez algún ujier le llame la atención porque sus pies tal vez manchen la alfombra del templo. En qué pensamos cuando en nuestras iglesias hay tanta ley de hombres y hemos dejado de lado la Palabra de Dios. “Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios” (Efesios 5:1-2)
Recordemos a los creyentes de Tesalónica: “Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor cuando, a pesar de mucho sufrimiento, recibieron el mensaje con la alegría que infunde el Espíritu Santo. De esta manera se constituyeron en ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya” (1 Tesalonicenses 1:6-7) que nuestro ejemplo sea digno de seguir porque a quien seguimos es a Jesús. ¿A quién estamos imitando, a Jesús o a algún artista famoso?

Oración: Señor permíteme siempre ser un imitador de ti, porque si alguien decide imitarme pueda seguir un buen ejemplo… no permitas que me olvide ni me aparte de ti jamás. Que aborrezca lo que tu aborreces y ame lo que tu amas… que donde me pare la gente no me vea a mi sino a ti mismo a través de mi… que siempre refleje tu presencia y tu carácter. Amén

Experimentando a Dios en mi vida: He visto muchas cosas en las iglesias que estoy seguro que el Señor tomaría nuevamente su látigo (como lo hizo con los mercaderes) y comenzaría a voltear mesas y a regañarnos por lo que estamos haciendo en ellas. Mucha gente dice conocer a Jesús (el diablo también lo conoce) pero me pregunto ¿Nos conocerá Jesús a nosotros? Recuerdo el pasaje donde Jesús dirá “nunca los conocí” no dice Uds. me conocieron sino “no los conocí” tal vez muchas iglesias reflejan lo que reflejan porque están llenas de personas que Jesús no conoce, porque aquel que conozca Jesús será diferente, “por sus frutos los conoceréis”. Examinémonos y veamos si Jesús nos conoce. GRACIAS POR SER COMO ERES Y POR HABER IMPACTADO MI VIDA… TE AMO!!!

miércoles, 12 de agosto de 2009

Volvámonos niños


Siempre me ha llamado la atención el pasaje bíblico de Mateo 18:3 “Entonces dijo: —Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos”.
Me llama poderosamente la atención observar que el Señor Jesús dice claramente que el que no se vuelva como un niño NO entrará al cielo. Es decir, que una señal inequívoca de que Jesús ha entrado en nuestro corazón es que no transforma en niños. Y pensar que de niños queremos ser adultos y ahora Jesús nos pide retroceder, entonces YO QUIERO SER UN NIÑO…
Me parece que cuando somos niños (por lo menos en mi caso) el anhelo más grande que se tiene es querer crecer, ser un adulto, madurar… ¿madurar? En la medida que estamos en ese proceso de crecimiento recuerdo mucho a mis hermanas (siete, para ser más específico) gritándome ¡Madura muchacho! Mis dos hermanos varones tal vez lo pensaban también pero no me lo decían, jajaja…
¿Y qué es madurar? Creo que es aprender a ser independiente. Ser independiente es precisamente aprender a cuidar de uno mismo. Si hay algo vital que diferencia a un niño de un adulto, no es la inocencia o la ingenuidad o la seriedad de uno o del otro.
La diferencia es que un niño no puede comer, vestirse, andar y sobrevivir, sin tener que depender de sus padres. Un niño es dependiente. Esa es la diferencia entre el adulto y el niño.
El adulto puede comer, vestirse, andar y posiblemente sobrevivir hasta cierto grado, sin depender de sus Padres o de alguien más. Una de las virtudes de “crecer y madurar” es que, eventualmente, la persona obtiene la madurez suficiente para poder valerse por sí misma en la vida y volverse independiente, al punto que logra sobrevivir en este mundo difícil sin tener que depender de nadie. Al menos en cierto grado. Eso es el andar común de la vida, y así es diseñado por Dios.
El problema surge cuando los llamados adultos nos acomodamos a este concepto de INDEPENDENCIA y tratamos de hacer todo en la vida, olvidando que Dios nos ve como sus hijos, sus amados niños. Necesitamos ser alimentados, vestidos, guiados, corregidos y enseñados. Pero, pareciera que somos demasiado autosuficientes para tal tarea. Desgraciadamente esto nos aleja de tener una relación con Dios.
La independencia tiene un vínculo muy cercano con algo que se llama orgullo, el cual choca irremediablemente en nuestro caminar con Dios. Dios da gracia al humilde pero resiste al soberbio. (1ª. Pedro 5:5) ¡Dejad que los niños vengan a mí! (Mateo 19:14).
A Dios le agrada aquel que reconoce que, delante de Él, solamente puede comportarse como niño, dependiente, confiado, necesitado y consciente de que Él es su verdadera fuente de provisión y crecimiento. El que se humilla como un niño es el que ha de heredar uno de los más importantes valores que existen en nuestro caminar: La dependencia en Dios, hermana gemela de otro valor muy importante llamado fe.
Cada vez que estoy en situaciones que parecieran no tener solución, solamente recuerdo que para Él soy como un niño; que mi trabajo es hacer lo posible, y el Suyo es hacer lo imposible. Debo recordar cada día, cada instante que tengo que depender de Él en todo. Debemos ser como ese niño que cada noche corre a su cama (o lo llevan obligado, según sea el caso) a dormir y descansa porque sabe que su papá está cerca. Muy cerca cuidándolo, velando su sueño y pendiente de cualquier cosa que ese niño requiera de él. Así nuestro Padre celestial vela y cuida de nosotros, Él cumple su trabajo de cuidarnos pero muchas veces nosotros no cumplimos el nuestro de confiar en Él y descansar.
Dios quiere que tu también vengas y reposes de la misma manera en Él, porque sin importar lo que el futuro pueda traer, tú sabes que tu Padre celestial cuida de ti, y todas Sus promesas son verdad y se harán realidad para tu vida, por lo cual puedes dormir tranquilamente en la noche bajo la sombra de Sus alas como el niño que eres para Él.

Oración: Gracias Señor porque sé que soy tu niño… sé que cumples tu parte de cuidarme, guiarme, regañarme, y atender mis necesidades… no permitas que me olvide de todo eso jamás y que pueda vivir siempre confiado de que Tú estás cerca de mí. Amén.

Experimentando a Dios en mi vida: A Dios le agrada aquel que reconoce que, delante de Él solamente puede comportarse como niño: dependiente, confiado, necesitado y consciente de que Él es su verdadera fuente de provisión y crecimiento. GRACIAS POR ESTAR CERCA DE MI SIEMPRE… TE AMO!!!

miércoles, 29 de julio de 2009

¡¡¡Libre!!!


La Biblia nos enseña que Dios nos ha hecho libres. Hay un cántico viejo que dice: Libre, tú me hiciste libre, libre del pecado y de las cadenas que ataban mi vida y mi corazón. Pero, por qué hay tanta gente viviendo como si estuviesen atados aún… somos como el elefante que está habituado a estar atado porque desde pequeño estuvo atado, que después de crecer y tener fuerza suficiente para romper su atadura sigue creyendo que no puede romper esa pequeña cuerda que lo ata de su pata.
Hay un pasaje bíblico que dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17) En ocasiones me detengo a observar a las personas y muchas veces su lenguaje corporal (sus movimientos al andar, hablar o hacer cualquier cosa) indica que se mueven como si tuvieran un gran peso encima, y recuerdo la ilustración del elefante atado. Y en realidad hay razones para sentirse de esa manera porque, pienso yo, que lo más triste es estar libres pero seguir viviendo en una celda atado de una cadena invisible… Así viven muchos cristianos, o mejor dicho vivimos, pero es porque nos empeñamos es estar atados al dolor, a la tristeza, al desánimo, a una vida sin color, ni sabor, ni mucho menos alegrías.
De verdad que debería darnos vergüenza con el Señor, Él ha hecho todo lo posible y lo imposible para hacernos libres pero nosotros escogemos la esclavitud. Hasta hace poco me sentí de esa manera, nada me animaba y vivía pensando más en mis problemas que no me daba cuenta que estaba llevando una pesada carga sobre mis hombros y corazón que no me correspondía llevar.
Me la pasaba quejándome, casi diciendo “pobre de mí” pero leyendo la Escritura, Dios me habló en este corto pasaje de 2 Corintios 3:17, y también Dios me habló a través de alguien que conozco y que a pesar de los muchos problemas y verdaderas dificultades que enfrenta en su vida la vi cantando con un gozo y una paz que no había visto antes. Pensé, si esta persona tiene esta actitud entonces es porque se siente verdaderamente libre.
Esta persona hizo suya las palabras del Señor que dice en Juan 8:36 “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Y esas dos cosas me hicieron pensar en que ya Dios nos hizo libres, pero ser verdaderamente libres es una decisión personal y fue entonces que me dije a mi mismo: “Decido ser libre de cualquier cosa que me desanime y me haga sentir mal” y desde ese mismo momento siento una paz indescriptible… ese alivio que se siente cuando nos quitan un gran peso de encima.
Pienso en Jesús con sus brazos abiertos diciéndome a cada instante: “No lleves esa carga hijo amado, tú no puedes con ella, déjame a mí llevarla por ti” y ahora cada cosa que se convierte en una carga para mí, solamente la deposito en los brazos del Señor y así mi corazón es libre para ocuparme de las cosas que Dios quiere que haga y que muchas veces no hacemos simplemente porque estamos demasiados ocupados en nosotros mismos y en nuestra esclavitud.
Dios nos ha hecho libres de nuestra pasada manera de vivir, de nuestros pecados, de la muerte. ¡¡¡Vivamos como gente realmente liberada por el poder de Dios… seamos libres!!!

Oración: Señor, gracias por abrirme los ojos y hacerme entender que soy libre. Porque siendo libre vivía esclavo de mi dolor y angustias, pero ahora que me has hecho entender que debo apropiarme de la libertad que ya poseo, permíteme serte útil en todo lo que me pidas. Amén.


Experimentando a Dios en mi vida: Dios lleva nuestras cargas para que podamos actuar en su obra, para que realmente gocemos de la vida abundante que Él nos ha otorgado. Estoy agradecido de que Él me hablé a través de su Palabra escrita y a través de otras personas y éstas no saben que son instrumentos de Dios. GRACIAS POR ESTAR TAN PENDIENTE DE MÍ… TE AMO CADA DÍA MÁS!!!

viernes, 17 de julio de 2009

CUIDADO CON EL ENOJO (PARTE II)

Recientemente caminaba por una avenida de la ciudad y me sorprendió mucho una escena que vi, un choque entre dos carros en una esquina. Un hombre había golpeado el carro de una señora con su carro (fue culpa de él) y este hombre se bajó de su carro, tomó una piedra del suelo y la arrojó al parabrisas del carro de la mujer, luego se montó en su carro y se fue velozmente del sitio del accidente. ¿Qué hizo que este hombre reaccionara así? El enojo, la rabia o cualquier cosa que estuviera pasando por la mente de este hombre es un misterio para mí. Pero, tal vez este hombre desató toda una carga de frustración y miedo en ese instante y la que sufrió las consecuencias fue esta pobre señora.
Como ya conté en la entrada pasada de este blog, hoy quiero hablarles sobre “Siete pasos para librarse del enojo”, también quiero aprovechar que esto lo aprendí del discipulado escrito por Gary Smiley llamado “Amémonos Siempre”.

1. Defina la ofensa. Considere esto ¿No están acaso casi todas sus acciones motivadas por el deseo de ganancia o el temor de la pérdida, o una combinación de los dos? Esas esperanzas y esos temores (expectativas y pérdidas) pueden disparar el enojo. Nos enojamos porque alguien (quizás nuestro propio yo insuficiente y moral) nos está quitando algo que no queremos perder, o se nos niega algo que queremos conseguir. Le echamos la culpa a algo o a alguien por una pérdida, quizás incluso la pérdida de un sueño incumplido o la pérdida de la paz mental. El primer paso es analizar y definir lo que sucedió, lo que en realidad perdió o se le negó.


2. Permítase experimentar el dolor. Usted ha identificado y anotado lo que sucedió en la ofensa. Ahora acepte que su dolor, su sentido de pérdida, es real; esa persona, su cónyuge, su jefe, su amigo, su padre o su madre, o quizás usted mismo le quitó algo o le negó algo. ¡No subestime esto! La persona no lo trató a usted con respeto. Diga las palabras: “¡Usted me ofendió!”. Usted está enojado, de modo que considérelo de un modo realista. No solo es bueno dejar aflorar el dolor de la pérdida, sea lo que sea, por un espacio de tiempo, sino el dolor también es esencial para su recuperación.


3. Trate de comprender a quien lo ofendió. Esto puede parecer imposible y sus beneficios pueden parecer incomprensibles. Puede llevar tiempo, pero tan pronto como usted pueda hacerlo le aseguro que eso acelera su liberación. Parte del proceso sanador de este paso es precisamente intentarlo. Cuando usted procura comprender a la persona y el motivo para haber cometido la ofensa, pone en movimiento un proceso: Quizá vea que su ofensor actuó debido a que él mismo se sintió ofendido.


4. Libere a quien lo ofendió. Al enfrentar el enojo, este paso consiste en abandonar el deseo de venganza, liberando a quien lo ofendió de su deseo de saldar cuentas. A veces ese paso se da “de forma natural” una vez que usted ha comprendido algunos de los motivos de la conducta ofensiva hacia usted. Liberar a quien lo ofendió puede vaciar varias onzas de resentimiento de inmediato y por lo general implica aprender a perdonar. Perdonar a alguien por algunas ofensas contra usted no se compara con toda su vida de ofensas a Dios, ¡y todos los días él nos perdona! (Mateo 18). La definición original del perdón en realidad significa que usted suelta o libera a alguien. Mientras permanezca amargado e implacable, usted está atado a esa persona con nudos emocionales. El desatarse incluye una liberación consciente y deliberada de quien lo ofendió mediante un acto de perdón. Una parte importante, aunque difícil, de liberar a alguien es renunciar a la expectativa de que la persona vea por fin el error de su conducta y tome la iniciativa de arreglar con usted el asunto. Esté dispuesto a perdonar sin esperar ver una reacción recíproca desea naturaleza por parte de la otra persona.


5. Busque perlas en la ofensa. Usted puede vencer el enojo al buscar las “perlas escondidas” en la ofensa cometida contra usted. Algo bueno puede salir de cualquier situación si usted lo busca. Busque lo bueno, y puede estar agradecido por eso. La gratitud y el enojo no pueden coexistir. Este es otro paso que puede vaciar muchísimo enojo de repente. Es otra decisión que puede tomar en cuanto a cómo reaccionar ante la ofensa, el temor o la frustración.


6. Describa sus sentimientos por escrito. Otro paso útil en la solución del enojo es expresar por escrito lo que se siente en forma de carta a la persona que lo ofendió a usted. No digo que tenga que enviar la carta, no lo haga porque por lo general el que ofendió reacciona en mala forma y aumenta la ofensa. Pero cuando usted expone sus ofensas, frustraciones y temores, es casi como si su enojo se escurriera a través de la tinta de la pluma. Tal vez no sienta de inmediato el efecto, pero puede sentirlo con el tiempo. ¿Qué puede escribir usted?
a) Aclare lo que perdió o se le negó
b) Describa lo que causó su dolor y lo llevó a enojarse
c) Hable acerca de los sentimientos resultantes
d) Exprese su deseo de poner eso a un lado y vivir más allá de su enojo
e) Diga que desea conocer la libertad que resulta del perdón
f) Declare cómo le gustaría que respondiera quien lo ofendió


7. Extiéndale la mano a quien lo ofendió. Este último paso en la solución del enojo pudiera ser el más difícil. Eso no ocurre de forma natural, y requiere un gran acto de voluntad, por no mencionar un alto grado de madurez y de amor. Pero cuando usted puede hacerlo, eso lo libera de muchísimo enojo. ¿Qué implica esto? Buscar algún modo de contribuir a la sanidad de la persona que lo ofendió. Sospecho que eso parece imposible, pero he visto los beneficios para quienes puedan alcanzar ese punto. Quizá nunca pueda hacerlo. No estoy diciendo que daba hacerlo, sino que si usted puede llegar al punto de tener alguna compasión por alguna persona debido al dolor por que también ella está pasando, eso puede proporcionarle un gran alivio. Garantizado: Esa persona está herida, enferma y necesitada de sanidad. He tratado de hacer eso mismo por las personas que me han ofendido. Ha resultado muy emotivo y he podido sentir cómo el enojo se aleja. Sé que eso no será fácil para nadie. Nunca es fácil extenderles la mano de forma amorosa a quienes nos han ofendido.

Oración: Señor ayúdame a sanar mis heridas, mi dolor, mi frustración. Permíteme experimentar la libertad del enojo que me mantiene amargado. No permitas que ese enojo se arraigue en mi corazón. Ayúdame a definir la ofensa, déjame expresar el dolor, muéstrame cómo comprender a quien me ofendió, guíame en la liberación de mi ofensor, abre mis ojos para encontrar las perlas en la ofensa, déjame expresar por escrito mis sentimientos, dame de tu amor para tender mi mano a quien me ofendió. Gracias porque sé que no estoy solo en esto, Tú estás conmigo. Amén.

Experimentando a Dios en mi vida: es fácil ver y criticar las explosiones de enojo en otras personas, y a veces no identificamos que también somos presa del enojo y de reacciones muy desagradables. Mi hermoso Señor me ha permitido ver en mi mismo mis reacciones y comprender que necesito liberarme de mi enojo y de liberar a quienes me han ofendido… GRACIAS POR SER TAN ESPECIAL… CADA DÍA TE AMO MÁS!!!

lunes, 6 de julio de 2009

CUIDADO CON EL ENOJO (PARTE I)


Recientemente aprendí algunas cosas nuevas para mí en cuanto al enojo. Bueno primero debo confesarme y decir que me enojo fácilmente, pero he aprendido a controlar ese enojo para no dañar a otras personas. Bueno, eso pensaba yo hasta que recibí este estudio porque aprendí que el enojo nos afecta a nosotros mismos y afecta nuestras relaciones con Dios, con la familia y con los demás. No basta con no explotar contra alguien, igualmente afecta a nuestras vidas y nuestro entorno.
Del enojo brotan tres emociones distintas: temor, frustración y ofensa. En realidad, cuando analizamos el enojo en su nivel más profundo, descubrimos una conexión que vincula todos los aspectos del enojo: las expectativas insatisfechas.
La frustración es no recibir lo que esperábamos de los demás o de las circunstancias. La ofensa es cuando no oímos las palabras ni recibimos lo que esperábamos de los demás o de las circunstancias. El temor es el pavor de que lo que esperamos no ocurra como lo deseamos, o la expectativa de que va a ocurrir algo malo. El proceso mediante el cual el temor provoca enojo es relativamente sencillo: usamos el enojo para lidiar con el temor.
¿Qué efecto tiene el enojo en nuestras relaciones? Uno de los resultados más comunes del enojo es el distanciamiento de las demás personas, una renuencia e incapacidad para permitir que los demás se acerquen. Parece bloquear nuestra capacidad de dar y recibir amor. Un segundo resultado del enojo es la ceguera espiritual o el sentirse distanciado o alejado de Dios. Parece que cuanto mayor es el enojo de una persona, tanto más difícil es que esa persona tenga desarrollada una significativa vida espiritual. El enojo puede funcionar como un interruptor automático, que apaga la luz espiritual que pudiera estar brillando dentro de nosotros e iluminando a los demás. 1 Juan 2:9 dice: “El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas”.
Otro resultado del enojo es un pobre concepto de sí mismo, es decir, un alejamiento de sí mismo. En ese caso el enojo y el pobre concepto de sí mismo están tan entrelazados y son tan tortuosos que es difícil de separar las causas y los efectos. Digamos que el sentido personal de ser, o los límites de un niño, o un adulto, fueron violados drásticamente y tal vez reiteradamente. La ofensa, la frustración de sentirse desamparado y el temor conducen al enojo. Y ese enojo puede volverse constante y tomar esta forma: “No puedo valer mucho si los demás, y la vida, me tratan así”. El enojo provocado por la conducta o las actitudes de alguna otra persona puede convertirse de inmediato en enojo o culpa dirigidos hacia uno mismo. Tal enojo que se esconde se convierte en depresión.
El último “distanciamiento” es el distanciamiento de la madurez. Este está relacionado con todos los mencionados anteriormente. El enojo no resuelto paraliza nuestro nivel de madurez emocional casi donde estaba cuando ocurrió la ofensa. Supongamos que sus padres se divorciaron cuando usted tenía doce años. Usted quedó devastado, y el “contenedor del enojo” dentro de usted comenzó a llenarse. Con toda probabilidad, usted también se atascó cerca de ese nivel emocional. Quizá tenga un cuerpo de adulto, pero probablemente tenga el corazón de un niño herido de doce años de edad. Quizás usted no sea la persona enojada pero vive con una. En tal caso, usted pudiera hallarse preguntando de cuando en cuando: ¿Por qué dice esas cosas sin sentido que nos hieren? ¿Por qué es tan infantil?
El enojo tiene el poder de mantenernos desdichados. Jesús desea que usted y yo nos llenemos de gozo. ¿Está el enojo privándolo de su gozo? Juan 16:33 dice: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”
El enojo no resuelto y la culpa pueden encarcelarnos, cegarnos y hacernos desdichados. Por el contrario, es cierta la frase que dice: “La libertad es un estado de la mente” Podemos librarnos del enojo no resuelto. Tal vez necesite entender más y recibir más ayuda para librarse, pero esa libertad está a su alcance. Y la clave es permanecer enamorado de la vida y para la vida.
Muy pronto estaré escribiendo sobre los siete pasos para librarse del enojo…

Oración: Señor, tú que das gozo a la vida y que más que dar el gozo tú eres el gozo de la vida, llena nuestras vidas de tu presencia, de tu gozo y de tu amor. Sana nuestras vidas del enojo causado por el temor, la frustración y la ofensa.

Experimentando a Dios en mi vida: Cuando yo pensaba que sabía manejar mi enojo, Dios me mostró a través de un estudio sencillo que estaba equivocado. Es necesario notar cómo actuamos y reaccionamos con otras personas y con nosotros mismos. Él quiere sanar nuestras vidas y limpiarnos de toda amargura… GRACIAS POR SER EL GOZO DE MI CORAZÓN… TE AMO CADA DÍA MÁS!!!