jueves, 9 de abril de 2009

La Mejor Herencia


Me duele mucho saber de casos donde ancianos se quejan de que sus hijos no pueden cuidar de ellos, noto el dolor en sus miradas y palabras y mi corazón se desgarra al conocer sus casos. Hay un dicho que dice: “Una madre puede cuidar de 10 hijos, pero 10 hijos no pueden cuidar de una madre”. Triste pero cierto, y solamente cuando llega la muerte a estos sufrientes viejitos es que se ven a sus hijos llorando por la pérdida, gastando en costosos y lujosos servicios funerarios, eso me da mucha indignación y muchas veces me tengo que tragar mis palabras de recriminación hacia ellos (y no es fácil que yo me calle). Luego de unos días, y a veces horas, después del sepelio empieza la guerra entre los hermanos (hijos del fallecido) por las pocas o muchas posesiones que dejó. Cada uno de ellos piensan que se merecen la mayor parte de esa herencia por lo que él o ella invirtió en “el cuidado” de su mamá o papá.
Una vez alguien me dijo, con referencia a su mamá, ella nunca fue cariñosa con sus hijos y ella no puede esperar menos de nosotros, ella es la culpable, solo está cosechando lo que sembró. Palabras que salen de un corazón pobre, que justifica sus malas acciones, pero aunque fuese verdad lo que dice, no me imagino que alguien pueda sentir algo así hacia el ser que le dio la vida (Mateo 24:13 dice “de la abundancia del corazón habla la boca”).
Cuando pienso en mi viejita (mi maíta, como le decimos) solo recuerdo a una dulce viejita que se esforzó por hacer de sus diez hijos vivos, personas de bien que fueran personas de éxito y que por sobre todas las cosas fueran felices.
De pequeño recuerdo como se paseaba por cada cuarto en la oscuridad, para cerciorarse de que cada uno de nosotros estuviese bien, nos arropaba con mucho cuidado para no despertarnos. Esa linda viejita que sólo tiene segundo grado de primaria de instrucción, para mí es el ser más sabio que existe sobre la tierra, porque siempre me dio buenos consejos que muchas veces no obedecía para terminar como muchos diciendo: “Maíta tenía razón”. También era como la mujer maravilla o súper mujer, porque cuando tenía miedo en las noches corría a su cuarto y el solo sentir su presencia junto a mí hacía que el miedo desapareciera inmediatamente, nunca supe si ella también sentía miedo pero yo siempre pensaba: “aquí está mi maíta, que venga lo que sea que no tengo miedo”.
Cuando mi maíta conoció a Jesús, creo que pensó (aunque nunca lo ha dicho) que yo debía ser uno de los primeros de todos sus hijos que necesitaba conocerlo, tal vez porque siempre fui y creo que aun soy el más rebelde de sus hijos. Ella empezó poco a poco a hablarme de la Biblia, me explicaba versículos y me invitó a la iglesia donde conocí a Jesús, me predicó el pastor de la iglesia, pero Dios la usó a ella para allanar el camino. Desde entonces ella ha estado muy pendiente de la vida espiritual de cada uno de nosotros, nos recuerda siempre la importancia de congregarnos y leer la Biblia, pero no solo lo dice sino que lo enseña con el ejemplo.
Hoy día mi maíta ya está viejita y la amo cada día más, vivo lejos de ella por causa de mi trabajo pero la llamo constantemente por teléfono, no me canso de oír cada vez los mismos cuentos, aunque lo haya dicho mil veces y me lo cuenta como si fuera la primer a vez, no le digo que ya me lo dijiste. Siento que se lo debo, oírla hablar para mí es un deleite. Me habla de cada dolor y cada achaque que ha sentido en la semana, y me duele oírla decirlo, pero ella quiere compartir toda su semana conmigo y solo la dejo hablar, me encanta oírla, porque cuando no esté tal vez extrañe esos cuentos.
Cuando mucha gente pelea entre ellos por las posesiones materiales que sus padres han dejado, yo le agradezco a mi buen Señor que la mayor herencia que mi madre dejará a sus hijos, nietos y bisnietos es el de que ella nos habló de Jesús. La mayor herencia es que a través de ella Dios pudo mostrarnos Su salvación. No hay mayor posesión que esa, y por esa no pelearemos porque hay suficiente para todos.
Gracias a Dios, cada uno de sus hijos velan y cuidan de ella, solo pedimos porque los años que le restan en este mundo (y esperamos sean muchísimos) sean de paz y tranquilidad. Solo debemos recordar lo que nos dice la Palabra de Dios en Proverbios 23:22 “Escucha a tu padre, que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana”.

Oración: Gracias Señor por los padres que me diste, porque ellos han sido un ejemplo a seguir, permíteme hacer que se sientan orgullosos de mí, y que pueda honrarlos siempre. Bendícelos y cuida de ellos siempre. Gracias porque los usaste como instrumentos útiles para conocerte a Ti, amén.


Experimentando a Dios en mi vida: Conocí a Dios por la insistencia de mi maíta, ella ha sido más que mi madre, ha sido mi guía, mi amiga, mi consejera y mi heroína cuando sentí miedo. Es Dios mostrándose a mí alrededor a través de ella. GRACIAS VIEJITA, te amo. Eres una bendición de Dios para mí, eres mi ángel.

viernes, 3 de abril de 2009

La sombra del dolor


La sombra del dolor
Esta es una de las experiencias que más me cuesta compartir, aun sin empezar, mi corazón se ha puesto chiquitico y un nudo en mi garganta impide que las lágrimas salgan, pero cuando empecé este blog no me imaginaba lo liberador que es para mí escribir acerca de mis experiencias personales donde he experimentado el amor y el cuidado de mi hermoso Señor. Por esto pienso que una de las cosas que debo liberar mi corazón es del dolor que me embarga cuando recuerdo ésta experiencia y espero que al igual que yo a alguien le sirva y pueda experimentar el tierno cuidado de Dios a su alrededor.
Siendo muy joven y estando recién casado, el anhelo mayor de mi corazón y la alegría más grande que había sentido en toda mi vida (después de la experiencia de ser salvado por el Señor) fue cuando recibí ésta noticia de parte de mi esposa: “estoy embarazada” una emoción me invadió y un gran susto (no lo puedo negar). Mi mente empezó a trabajar a millón, imaginándome ya cuidando al bebé, jugando, llevándola al colegio, aconsejándola, conociendo a sus compañeros de clases, regañándola (pero con amor), y hasta celándola de futuros enamorados que tuviera. Ah se me olvido comentar que lo primero que oré a Dios fue: “que sea una hembra, que sea una hembra, que sea una hembra” y no miento esa fue literalmente la oración que hice porque no sé porqué pero siempre anhelé que mi primer hijo fuese una hermosa niña.
Mi esposa empezó a hacerle sus ropitas, bordaba hermosos dibujos en sus camisitas, y cada vez que yo llegaba del trabajo ella me mostraba lo que había hecho durante el día. Recuerdo que fue a su primer control prenatal (creo que así se dice) y el médico le dijo que todo estaba bien, le indicó que debía hacerse un ecosonograma y no sabíamos ni que era eso (éramos inexpertos en todo) pero mi sabia suegra nos tomó a los dos y nos llevó a la ciudad de Barquisimeto para que ella se hiciera ese examen y estando allí la doctora que manejaba ese aparato nos dijo el bebé está bien, aun es pronto para saber su sexo pero usted (refiriéndose a mi esposa) tiene el útero bicorne y tiene un solo riñón. Pero nos dijo que eso era de nacimiento y que con cuidados ni mi esposa ni el bebe corrían peligro.
Seis meses y medio tenía ya la barriguita de mi esposa, y una noche cuando regreso del trabajo me dan la noticia de que la han llevado de urgencia al hospital porque el bebe se adelantó. ¡Qué! Exclamé y corrí hacia allá. Mi esposa ya estaba en labor de parto y mi mamá me acompañaba, casi toda la noche de pie frente a la maternidad con mi viejita ahí junto a mí solo podíamos orar y lo hacíamos.
Recuerdo que muy de madrugada, no sé qué hora era, después de ver salir muchos niños recién nacidos hacia lo que llaman el retén donde los colocan después de nacer, vi que sacaron un bebe pequeñito, pero muy pequeñito que llamó mi atención y causó una gran ternura, pero seguía esperando noticias, ya que cuando gritaron el nombre de la bebe y de su mamá (era la forma que avisaban a los familiares de las parturientas que ese bebe era su familia) esos nombres no me sonaban para nada porque dijeron mal el nombre de mi esposa y ahora que lo pienso no nos había dado chance de escoger nombre para el bebe porque aun faltaba mucho para su nacimiento.
Pasó mucho rato sin tener noticias y me acerqué a una enfermera mal encarada que me respondió de mala manera, “ya esa mujer parió y la niña está en incubadora en cuidados neonatal”. Fui a donde la “amable” enfermera me dijo y me dieron allí información: la niña (yo pensé gracias Dios por oírme, es niña) pero y cuando oí ese pero algo por dentro acabó con mi alegría, prosiguió la enfermera (ésta sí fue amable de verdad) nació con problemas respiratorios porque sus pulmones no están bien desarrollados aun y esperemos a ver cómo evoluciona su caso, puede pasar un minuto a verla y luego sale.
Entre a esa sala, solo estaba ella, vi escrito su nombre sobre la incubadora, mi esposa en el apremio del momento le puso como yo, su papá, Karla Romero. Me asomé y la vi, era la misma niña que me enterneció al salir de la sala de parto, hay quienes dicen que la sangre llama, y en ese momento pensé que era verdad. La miré y le dije: hola, segunda vez que nos vemos y recuerdo claramente que le dije allí calladito TE AMO. En seguida llegó la enfermera y me pidió salir y pensé que minuto más lindo he pasado.
No sabía yo en ese momento que ese sería el único y último minuto que vería a mi bella hija con vida, dieciocho horas más tarde moriría a causa de un paro respiratorio. Solo un minuto la vi y no la he olvidado, ni la olvidaré por el resto de mi vida. Cuando me dijeron que había fallecido sentí y no estoy hablando metafóricamente, que me habían quebrado el corazón y sentí como cada pedazo caía hasta el fondo de mí. Para colmo me dicen que tengo que ser yo el que le dé la noticia a mí esposa. Me llené de falso valor y fui hasta donde estaba ella en su habitación (bueno compartida con 20 mujeres más) estaba dormida, la desperté y ella me sonrió (eso hizo más difícil mi misión) no sabía cómo decírselo, y le tomé la mano y recuerdo que le dije: nuestra muchachita se murió.
Hasta ese momento no había llorado aunque estaba destrozado. Estaba triste, furioso, sí furioso con Dios porque pensaba que no era justo lo que él me estaba haciendo. Fui a casa de mi mamá, no sabía qué hacer ni qué decir. No quería que me hablaran ni hablar. Y luego de un buen rato en un cuarto de la casa de mi mamá simplemente exploté. Lloré como creo que nunca en mi vida lo había hecho, gritaba y gemía, tanto que le partía el alma a mi hermosa mamá, dice ella aun: nunca lo he visto así.
En ese momento la sombra del dolor me había cubierto por completo. Ahora mismo cuando estoy escribiendo esto mis lágrimas están corriendo por mi cara. En ese momento no quería saber nada de Dios ni de palabras de consuelo. Mucha gente que me aprecia pasó por ese cuarto donde me enclaustré y me decían lo que se acostumbra a decir en esas ocasiones de dolor. Pero hubo alguien, una joven de la iglesia, no muy espiritual cómo ella decía que dijo estas palabras: “Yo no sé mucho de Biblia, y no sé decir cosas que animen pero te digo esto: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Eso está en alguna parte de la Biblia” y se fue.
Pasó mucho tiempo, y cuando digo mucho es mucho tiempo, y yo meditaba en esas palabras de esa joven, yo sabía que era el versículo 4 del Salmo 23, porque ese es mi salmo favorito. Un día sentado en la sala de mi casa recordé ese pasaje (yo seguía muy molesto con Dios, pero no se lo decía a mi esposa) tomé mi Biblia, y lo leí creo que como 20 veces… y fue cuando me detuve en la parte final del versículo: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” oré en ese momento al Señor (tenía mucho tiempo que no lo hacía) y recuerdo que dije algo como esto: “Señor, tengo tiempo que no te hablo, tu lo debes saber y también el porqué no lo hago, este pasaje dice que tu vara y tu cayado me infundirán aliento, si de verdad te importo algo (repito, yo estaba muy molesto con Él) infúndeme ese aliento, porque no tengo ganas de vivir siquiera, me siento decepcionado de ti” recuerdo que ni amén dije.
Me levanté de donde estaba y salí al patio de la casa, mi esposa estaba cocinando y me detuve en medio de ese patio y miré al cielo y sentí una paz, indescriptible, algo como si me hubiesen quitado un peso enorme de encima. Mi esposa me llamó a comer, comimos y no le dije nada de lo que sentía. La invité a dar un paseo, caminamos por el pueblo, hablamos de todo, llegamos a casa y por primera vez en casi un año hablamos de la muerte de la bebe. Por primera vez lloramos juntos, nos desahogamos mutuamente, ella sentía lo mismo que yo (rabia) y no lo hablábamos, pero fue necesario que Dios me consolara a mi primero para poder hablar de eso.
En ese momento entendí que Dios, a través de su Espíritu Santo me había dado consuelo, su hermoso consuelo divino, para que yo pudiera apoyar a mi esposa. Había una luz en medio del Valle de Sombra del dolor (como yo lo llamo, cambio la palabra muerte por dolor). No hay nada más exquisito que sentir el consuelo de mi Dios. En ese momento me di cuenta que ya no estaba enojado con Dios. Le pedí perdón, y sé que me perdonó por eso. Aun sigo sin entender porqué permitió Él que yo pasara con eso, pero no me importa porque no soy quién para cuestionar al Creador del Universo.
Desde ese momento comencé a buscar conocerle más a Él, no solo a saber acerca de Él, sino a conocerle personalmente, a establecer una relación más íntima. Le doy gracias a Él porque a través de esa experiencia he podido soportar tres casos más de dolor de pérdidas de otros bebes. Ha sido muy doloroso cada caso, pero Dios me había preparado para cada uno de ellos.
Hoy día no tengo hijos, pero le agradezco a Dios por haberme dado un corto minuto al lado de Karla, ese minuto que me sentí papá, es el que Dios usa para consolarme cada día. Le doy gracias al Señor por cada joven que se acerca a mí y me dice que me siente como su papá, eso me hace muy feliz y trato de que cuando le aconsejo hacerlo como si realmente fuese mi hija o mi hijo. Todo el amor que no he podido dar a mis propios hijos lo vuelco sobre esa o ese joven que aconsejo.
Al terminar de escribir esta experiencia, no han parado de correr las lágrimas por mis mejillas, me doy cuenta que aun necesito la sanación de Dios para mi vida en este tema, pero el hecho de que lo comparta es un avance, y yo sé que lo que mi buen Dios comienza LO PERFECCIONA, y sé que Él sanará completamente mi corazón.

Oración: Gracias Señor, porque un día me tocaste para darme consuelo, pasaste tu mano por mi cabeza mientras me decías: “Yo sé lo que estás sintiendo, lo que estás pensando, solo confía en mí que yo sé lo que hago. Tienes mi Espíritu Santo para que te consuele y guíe por sendas que desconoces”. Aun no comprendo qué quieres conmigo Señor, solo sé que confío en ti. Amén

Experimentando a Dios en mi Vida: El Señor ha permitido que mucha gente me dé su explicación de por qué creen ellos que Dios ha permitido que pase por esas situaciones, yo lo escucho pero sé que la verdadera razón solo la sabe Dios. Él ha permitido que le experimente en mi vida de diferentes y extrañas maneras y se lo agradezco. Le agradezco por permitirme conocer a muchachos que necesitan el consejo y a veces solo el cariño de un padre y yo he estado ahí para suplir en algo esa carencia, a la vez que me permite sentirme como papá. GRACIAS Señor por tu consuelo y tu paz. TE AMO POR ESE MINUTO ETERNO QUE ME REGALASTE. Eres y serás siempre un Tesoro especial en mi vida, TE AMO.

lunes, 30 de marzo de 2009

La verdadera riqueza



Cuando era niño asistí a una escuela pública, ahí habían estudiados todos mis nueve hermanos mayores y yo no podía ser la excepción, recuerdo que era un muchacho muy sociable que le gustaba hablar mucho con todo el mundo (aun no he cambiado eso, y espero no hacerlo) y eso me hacía sacar cualquier tema de conversación posible, y mi pasatiempo favorito era ver televisión (aun tampoco he cambiado eso, solo que ahora tengo menos tiempo para hacerlo) y contaba muchas cosas de las comiquitas que veíamos todos los chicos de esa época, un día conté lo mucho que me gustaba el traje azul de Spiderman (Hombre araña) y noté que la mirada de mis amigos había cambiado y yo no entendía lo que estaba sucediendo: ¿Qué dije? ¿Qué los ofendió? Hasta que unos de ellos habló y me dijo: ¿Cómo sabes que es azul? A lo que respondí: “porque lo veo todos los días” y la mirada de ellos se hizo más extraña y ya me estaba sintiendo un poco nervioso porque no entendía nada, y el mismo amigo me preguntó: ¿en tu casa hay televisión a color? Y yo dije: Sí, desde hace mucho tiempo. Y los chicos me hicieron una pregunta que pareció la más extraña que me habían hecho en mi vida: ¿Tú eres rico? Y yo me reí y dije: “Claro que no, ¿cómo se les ocurre eso?” es que ninguno de nosotros tenemos.
Ahora, unos cuantos “añitos” después, me pongo a pensar en esa situación de mi infancia, obviamente no éramos ricos en mi familia en aquel entonces, ni ahora menos, pero me di cuenta que teníamos ciertas comodidades que mis compañeros no tenían, para mí en ese entonces eso no llamaba mi atención, porque crecí así pero no apreciaba los esfuerzos que había hecho mi papá (a quien llamamos en casa “Mi Paíto”) por darnos algunas comodidades, el era en ese entonces un obrero de una central azucarero (fábrica de azúcar) trabajaba tres turnos, se esforzaba por mantener a doce adorables criaturas, claro que no éramos ricos, pero teníamos algunas cosas que para mí en ese entonces creía que todo el mundo las tenía, eso hacía que no valorara ese tipo de cosas.
Hoy día como hijo de Dios que soy, pienso que Dios nos ha colmado de bendiciones y “riquezas” que no apreciamos porque pensamos que las merecemos o que todos las tienen, así como yo creía de pequeño, Dios nos da muchísimas cosas que a veces pasan desapercibidas en nuestras vidas y que no las valoramos y claro que nos las agradecemos porque sentimos que es normal tener eso o que eso me pase.
Cuando menciono riquezas no me refiero solo a lo material, sino aquellas cosas valiosas que Dios nos da y que son imprescindibles en nuestras vidas, cosas que tenemos y que no le damos el justo valor que tienen, aquí les enumero algunas:
1. Poder ver
2. Poder oír
3. Poder tocar
4. Poder probar
5. Poder sentir
6. Poder reír
7. Poder amar
Las cosas más preciadas de la vida, no se pueden construir con la mano, ni comprar con dinero. Solo un Dios tierno y amoroso nos da cosas que nos son útiles, pero que nosotros creemos que es natural que las tengamos, y hasta creemos que las merecemos.
He aprendido con la ayuda de Dios, que Él nos provee ciertas cosas para que:
1. Las usemos para nuestro beneficio o uso personal. Él quiere que estemos bien y sabe de qué cosas necesitamos (Filipenses 4:11-13)
2. Las usemos en ayudar a otras personas. Dios nos bendice para que seamos de bendición a otros, Él no quiere que nos quedemos con los brazos cruzados viendo la necesidad de otros. (Génesis 22:18; Lucas 10:27; Santiago 2:8)
3. Las usemos para adorar, agradecer y glorificar a Dios. Dios quiere que seamos agradecidos con él por lo que nos da, y que demostremos ese agradecimiento constantemente. (Salmo 96:8)
A cada instante Dios nos bendice y hace regalos maravillosos que solamente hay que abrir los ojos para poder apreciarlos, el solo hecho de ver la creación notamos el sello de Dios que dice: “Hecho en el cielo para ti” bueno así lo aprecio yo, el milagro de la vida que Dios a cada instante realiza en la creación, se hace evidente en cada niño, en cada cosa sencilla que sucede como una flor que se abre o un pájaro que vuela. Cuando presencio y medito en todo esto, me dan ganas de caer de rodillas y alabar el nombre de Dios. Comprendo la poesía del salmista que alaba la creación:

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
el firmamento proclama la obra de sus manos.
Un día comparte al otro la noticia,
una noche a la otra se lo hace saber.
Sin palabras, sin lenguaje,
sin una voz perceptible,
por toda la tierra resuena su eco,
¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo!
Salmo 19:1-4

Oh SEÑOR, soberano nuestro,
¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra!
¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!
Por causa de tus adversarios
has hecho que brote la alabanza
de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho,
para silenciar al enemigo y al rebelde.
Salmo 8:1-2


¡Vivir es maravilloso! ¡Cuántas cosas podemos hacer con la vida que Dios nos da! Podemos amar, compartir las emociones del corazón con otros y hacernos solidarios con sus alegrías y dolores. Podemos servir, gastar de lo nuestro en hacer felices a otros. Podemos construir con el trabajo y esfuerzo, un mundo mejor.
Para el cristiano, la vida es mucho más: sabe que nadie es dueño de su destino y por eso la vive aquí provisionalmente, esperando la vida definitiva que Dios nos dará en la eternidad. Recibe los dones de la vida como regalos de Dios para servicio a los demás. Piensa que jamás ha llegado al fondo del deber y camina hasta el fin en busca del ideal. Sabe que sin Dios nada se puede hacer (Juan 15:5); nada eterno puede construir, y busca a Dios afanosamente en la oración y el trabajo; en la adoración y el servicio.
Tenemos la certeza de que Jesucristo, desde aquí abajo construye en cada una de nuestras vidas temporales, la vida eterna. Por eso esperamos… apoyados en nuestra fe, nuestra propia resurrección. Esperamos “cielo nuevo y la tierra nueva” donde habitará la justicia, y todo será luz y felicidad, porque Dios vivirá con su pueblo, enjugará todas las lágrimas, y “ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las primeras cosas habrán dejado de existir”. Y como Dios ha prometido: “Hará nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21: 1-5)
¡Qué bello es vivir cuando Jesucristo es “en nosotros la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27)

Oración: Gracias Señor, por tu bondad y gran misericordia. Porque me has colmado de riquezas que antes no apreciaba, pero que ahora me has hecho ver y entender que son mi riqueza más preciada. Gracias por darme la facultad de ver, oír, gustar, sentir, reír y amar. Por la salvación de mi alma que es la mejor posesión que me has dado. Y por darme la oportunidad de comunicar a otros tu precioso nombre.

Experimentando a Dios en mi vida: Si hoy me preguntaran aquellos compañeros de primaria: ¿Eres rico? Mi respuesta sería diferente, les diría: ¡¡¡Sííííííííí!!! Porque verdaderamente Dios me ha hecho muy rico. No materialmente, pero sí en esas cosas que la mayoría tenemos y que no apreciamos ni agradecemos por tenerlas. Dios se ha manifestado alrededor de mi vida a través de personas maravillosas que me aman y se preocupan por mí: Mis padres, mi esposa, mis hermanos y otras muy especiales para mí. Agradezco a mi Dios cada regalo y especialmente la riqueza de conocerlo a Él cada día más, no solo conocer acerca de Él sino conocerlo a Él. Gracias mi hermoso Señor. ¡¡¡MI MAYOR RIQUEZA ES CONOCERTE Y SABER QUE ME AMAS!!!

viernes, 27 de marzo de 2009

¡Cristianos tristes... tristes cristianos!


¡Cristianos tristes… tristes cristianos!
Siempre me pregunto: ¿Por qué hay tantos cristianos de cara triste? Cristianos severos, vestidos de luto, cuya religión se reduce a una serie denegaciones a las cosas buenas de la vida. Cristianos a quienes se les va la vida haciendo guardia al pie de un sepulcro vacío, como testigos de la ausencia de Dios. Simplemente son tristes cristianos.
Francamente, no me gusta esa clase de “cristianismo”. Hace poco conversaba con una joven que me decía que por qué yo era “tan poco serio” (me gusta bromear, reírme, hacer reír, tal vez tenga un poco o mucho de payaso) y yo le respondí a esta joven que se imaginara un mundo donde nadie sonría o ría aunque sea un poco, donde todos se tomen todo demasiado en serio y no se tome aunque sea un poquito de tiempo para ver el lado cómico o agradable de cada situación que vivimos.
Le hablé a esta joven de que hasta Dios reía y sonreía cada día. Ella se sorprendió muchísimo de lo que le acababa de decir: ¿Dios se ríe? Preguntó con sus ojos muy abiertos, y yo le dije ¡¡¡CLARO!!! Pensando que todos sabíamos eso, pero estaba equivocado, aquello era una noticia nueva y difícil de creer para esta jovencita.
Comencé a contarle a esta joven que cuando Dios creó este hermoso universo, no podía estar serio aunque el trabajo era serio. Tenía que tener (valga la redundancia) una hermosa sonrisa al ver lo que estaba haciendo, también cuando creó al ser humano tenía que estar sonriendo. Lástima que esta jovencita mal interpretó lo que dije y me contestó entonces Dios se burla de nosotros. Le dije ¡¡¡CLARO QUE NO!!! Dios no es un sarcástico que se burla de nosotros.
Entonces comprendí que tal vez mucha gente cristiana está con cara de triste o seria porque no saben distinguir entre sonreír o burlarse. Dios no quiere que nos burlemos de nadie, Dios quiere que nuestros rostros y nuestras actitudes reflejen lo que Él está haciendo en nuestras vidas.
Dios se describe a sí mismo como el Dios de la alegría: “Cantarme con júbilo; a aclamarme con cánticos. Lleguen ante mí, con acción de gracias, y aclamarme, como la roca de la salvación” (Salmo 95:1). Cuando a Jesús se le acercaba la hora de la prueba final, le aseguraba a sus seguidores que recibirían una alegría sin igual: “Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa… les aseguro que ustedes llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría… Aunque ahora están tristes, cuando vuelva a verlos se alegrarán y nadie les va a quitar esa alegría”.
La calidad de la alegría de Dios la podemos ver en Jesús. Él sí que fue alegre. Serenamente alegre, divinamente alegre, infinitamente alegre, siempre alegre, alegre en la alegría (porque hay muchos que parece que se deprimen en medio de los que están alegres), alegre en el dolor, alegre en el triunfo y alegre en los aparentes reveses de su vida y ministerio.
Las “bienaventuranzas” son toda una novedosa filosofía de cómo ser felices en cualquier circunstancia: alegres inclusive en la pobreza, la persecución o las lágrimas. Y por supuesto, alegres en la práctica de las virtudes, como la pureza de corazón, la paz, la paciencia y la misericordia. ¡Alegres siempre alegres! Eso está en todas las páginas de la palabra de Dios.
Quién dijo que para mostrar santidad hay que estar serios, con el ceño fruncido como si tuviéramos problemas para ir al baño. Nada más lejos de la realidad que eso, Dios nos quiere alegres, risueños porque Él mismo lo es. Debemos diferenciar lo que es reír y lo que es burlarnos de los demás. Lo necesitamos, porque con las caras que vemos muchas veces cuando entramos a los templos de las iglesias, pareciese que estuviéramos entrando al funeral de Jesús y que somos los principales sospechosos de haberlo asesinado, y no pareciera que estamos entrando al lugar donde ¡¡¡CELEBRAMOS!!! Que Él RESUCITÓ, entérense si aun no lo han hecho, ¡Él está VIVO! Y eso es motivo suficiente para que nuestros rudos rostros esbocen una sonrisa, hagamos el esfuerzo mientras nos acostumbramos, luego saldrá espontáneamente y nuestros rostros gritarán ¡¡¡ÉL VIVE!!!

Oración: Esta es “La Oración del Buen Humor” de Tomás Moro y se las dejo como mi oración en esta oportunidad:

Señor, dame una buena digestión
Y naturalmente, algo que digerir,
Dame la salud del cuerpo,
Y el buen humor necesario para mantenerla.

Dame un alma sana, Señor,
Que tenga siempre ante los ojos
Lo que es bueno y puro,
De modo que, ante el pecado,
No se escandalice,
Sino que sepa encontrar el modo de remediarlo.

Dame un alma que no conozca el aburrimiento,
Los ronroneos, los suspiros ni los lamentos.
Y no permitas que tome demasiado en serio
Esa cosa entrometida que se llama el “yo”.

Dame, Señor, un buen sentido del humor.
Que aprenda a reírme de un buen chiste
Y a descubrir el lado alegre de la vida,
Para compartirlo con los demás”.

Experimentando a Dios en mi vida: Dios se sonríe y se ríe conmigo, no de mí. Así como puedo herirlo con mis actitudes y acciones, también puedo sacar una hermosa sonrisa y hasta carcajada de Él. Si mi Dios es alegre y se preocupa por mi alegría, por qué no voy a esforzarme por estar alegre, sonreír y estar feliz si Él me da todo lo que necesito para esto. Dios obra a mi alrededor con gente que es feliz y me contagia, rio con los que ríen y lloro con los que lloran, pero no para quedarme ahí llorando eternamente, sino para que juntos encontremos una razón para reír juntos. Gracias Señor por ser mi motivo de alegría. ¡¡¡SEÑOR RÍAMOS JUNTOS!!! Jajajajaja. TE AMO MÁS CON CADA SONRISA QUE PRODUCES EN MÍ.

miércoles, 25 de marzo de 2009

HOLA, ¿Qué tal? Yo soy Jesús


HOLA, ¿Qué tal? Yo soy Jesús
En esta oportunidad, seré más informal, porque quiero compartir algo de cómo cambió mi vida. Esta experiencia que estoy por compartir, es muy especial para mí porque significó un cambio trascendental en mi vida, y últimamente ha venido a mi mente, no sé por qué, pero la he estado recordando y me pone una sonrisa en mi cara cada vez que la recuerdo. Tenía yo 18 años y estaba en las filas del ejército de mi patria, me esforzaba por ser el mejor en lo que hacía porque Doña Francisca, mi mamá o maíta como le decimos sus hijos, siempre me decía haz siempre tu mejor esfuerzo, si decides ser barrendero de calles debes esforzarte siempre por ser el mejor barrendero de calles que exista, yo sé que ella nunca desearía que uno de sus hijos fuera barrendero pero siempre decía eso para estimularnos, aunque tal vez (ahora que lo pienso jeje) ¿sería que no tenía muchas esperanzas de que yo hiciera algo mejor que barrer las calles?
Bueno, como decía me esforzaba por ser el mejor soldado, ganaba méritos por todo. Era el mejor y más rápido desarmando y armando un fusil, era muy bueno en el orden cerrado, disparando era excelente, tanto que fui francotirador, hice mis cursos de sobrevivencia, antiguerrilla y muchos más destacándome en cada uno de ellos, esto me hacía estar muy orgulloso de mí mismo. Pensaba que no necesitaba de nadie para alcanzar lo que yo quisiera. Pero estaba lleno de soledad y tristeza en mi corazón. Una de las razones por las que decidí entrar a las fuerzas armadas era que pensaba que nadie, ni siquiera esa hermosa viejita Doña Francisca, me amaba. Estaba lleno de rencor hacia todos y hacia todo. Claro, pienso yo hoy día, quién me iba a querer si yo era realmente un ser indeseable, egoísta que solo pensaba en mí mismo, y que le hacía la vida imposible a todos.
Un día salí de licencia por un fin de semana y el día domingo muy tempranito mi maíta me dijo que si la quería acompañar a la iglesia que quedaba a tres cuadras apenas de la casa, como para que no me esforzara mucho, yo le dije que lo iba a pensar mientras desayunaba. Pero, mientras comía lentamente mi comida (cosa rara, porque generalmente como muy rápido) pensaba: ¿Qué voy hacer yo metido en medio de un montón de viejitas que no tienen nada mejor que hacer? Y no voy aceptar que me presionen hacer nada que yo no quiera. Maíta insistió tanto que fui solo para que no me fastidiara más. Al llegar a la entrada del templo, salieron a mi encuentro un montón de jóvenes de mi edad y otros menores y aun mayores pero no mucho, y me sorprendí que me llamaran por mi nombre. Me dijeron, hola Carlos qué bueno que estas aquí (y yo pensaba: ¿por qué saben mi nombre?) tenemos mucho tiempo orando por ti, para que te destaques en todo lo hagas en el ejército y que además para que Dios te proteja siempre. WOW!!! Me impresionaron y me sentí muy bien, pasó el servicio, estuve en una clase donde me preguntaron algo que no recuerdo porque me dio miedo responder, por primera vez en mi vida me quedaba callado sin saber qué hacer ni qué decir, luego pasamos otra vez a la parte principal del templo y ahí me dieron una bienvenida, me hicieron ponerme de pie y todos gritaron (para mi sorpresa) ¡¡¡HOLA CARLOS, BIENVENIDO!!! Y me abrazaron y me sentí muy extraño.
Terminó aquel servicio y regresé a mi batallón esa misma tarde para reportarme de mi licencia, pero me fui todo el camino pensando en lo que había sucedido. En lo bien y a gusto que me sentí en medio de esos evangélicos locos (como los llamaba en ese entonces, bueno para ser sincero aun los llamo así jeje) y que de ninguna manera mis compañeros de milicia debían enterarse de que yo estuve en ese lugar.
Pasó un mes, y yo seguía meditando en aquella experiencia y hasta deseaba salir de licencia pronto para ir nuevamente a ese lugar. Hasta que salí y fui a mi casa y cuando mi viejita me invitó nuevamente a que la acompañara, no lo dudé y le dije que sí. Llegué nuevamente al templo y el mismo recibimiento que la primera vez, las mismas sonrisas y caras que la otra vez, y yo me preguntaba por qué sonríen tanto, es que no se cansan, parecen “misses” de belleza que no paran de sonreír, ¿qué los hace tan felices y que yo no tengo? Pero pronto vendría la respuesta a todas mis inquietudes. Una hermana se me acercó (adivinen, sí estaba sonriendo jeje) y me dijo Carlos, ¿Puedes acompañarme al salón de jóvenes? El pastor quiere hablar contigo, y yo dije ups ¿qué querrá? A lo que la dama me respondió, tranquilo que no es nada malo, él solo quiere presentarte a Jesús. Y yo pensé: ¿Quién será este Jesús? ¿Será algún joven que aun no he conocido? Me imaginaba al pastor entrando al salón con un joven o caballero mayor y que este me diría: HOLA, ¿Qué tal? Yo soy Jesús… pero para mi sorpresa, el pastor entra solo al salón, se sienta y me dice: Carlos, quiero presentarte a Jesús. Yo miré para la puerta y nada y pensé: Yo sabía, siempre lo he sabido, los evangélicos son locos, porque yo no veo al tal Jesús.
Y este hombre, tomó una enorme y pesada Biblia, la abrió y leyó un pasaje: Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” y yo le dije solamente: “y…” y él volvió a mirar su Biblia y me imagino que pensó “esto no será fácil”. Sin dejar de mirar la Biblia me dijo de nuevo el versículo pero cambió algunas palabras: “Porque de tal manera amó Dios a Carlos, que ha dado a su Hijo unigénito, para que si Carlos cree él no se pierda, mas tenga vida eterna” Hey… un momento así no lo escuché la primera vez, y desde ahí empezó a explicarme todo lo que hizo Jesús por AMOR a mí. Y yo pensaba: ¡¡¡no es posible!!! ¡!!a mí nadie me ama¡¡¡ ¿Cómo puede este Jesús hace eso por mí? Y por primera vez sentí que le importaba a alguien, y sentí que alguien me amaba a pesar de ser como yo era.
Lo demás no lo recuerdo porque este pastor habló mucho y mi memoria ya no es tan buena, pero lo que sí recuerdo fue esta pregunta ¿Quieres invitar a Jesús a entrar a tu vida? Y ¿dejar que él te cambie? Yo solo puede responder: Pero ¿Cómo lo hago? Y me respondió con una sencilla oración, ah esta sí que la recuerdo como si la hubiese dicho ayer, claro él me ayudó a hacerla. El pastor me dijo solo repite después de mi: “Señor Jesús, te abro las puertas de mi corazón y te recibo como Señor y Salvador de mi vida, me arrepiento de todos mis pecados, y hazme la persona que tú quieres que sea” Amén
El pastor emocionado me hizo una pregunta más, ¿Qué sentiste cuando hiciste la oración? Sus ojos brillaban esperando la respuesta y yo le dije: ¡!!NADA¡¡¡ el brillo en sus ojos ya no era igual, y la sonrisa se notó un poquito forzada, pero se armó de valor y me dijo, no importa porque igual él está en tu corazón. Y yo dije, ¡!!si usted lo dice¡¡¡ así será, usted sabe más que yo. Pero de verdad Jesús entró en mi vida, porque los cambios comenzaron a ser evidentes en mí aunque yo no me daba cuenta, la gente me decía: Caramba qué cambiado estás, yo pensaba que bromeaban. Seguí asistiendo a la iglesia, tomé clases de doctrina, me bauticé y desde ese entonces he permanecido en sus caminos.
Siempre me he preguntado: si soy extraño por no haber sentido nada en esa oportunidad. Pero el Señor me ha dicho: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9), también mi precioso Señor me recuerda siempre esto: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:28). “…ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39)
Tal vez mucha gente diga que hay que sentir cosas como he oído: “un no sé qué…” o “como si me quitaran un peso de encima” pero si tu eres como yo, que no sentiste nada cuando Jesús entró a tu vida, NO TE PREOCUPES, igual Jesús sí entró, porque la única evidencia de su presencia en nuestras vidas es Su Espíritu Santo, y el Señor dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Solo el cambio que Él genera en ti, es la evidencia de que Él mora en ti. Nada tiene que ver los sentimientos, porque esté triste o feliz ¡¡¡ÉL ESTA CONMIGO!!!

Oración: Señor, gracias porque un día entraste a mi vida y lo revolviste todo, pero no para causar un desorden sino para ordenar el caos que era mi vida. Me has salvado, transformado y guiado por tus sendas. Gracias porque cada día estoy seguro y feliz de haberte conocido, gracias porque aquel 26 de julio de 1985 entraste en aquel salón y me dijiste HOLA, ¿Qué tal? Yo soy Jesús…

Experimentando a Dios en mi vida: Tal vez, Jesús no entró literalmente a ese salón y dijo esas palabras, pero yo quiero imaginármelo de esa manera. Dios usó como instrumento precioso a un hombre rústico que carraspeó su garganta al ver lo difícil que sería presentarme a Jesús, Dios te doy gracias porque ese hombre no se desanimó ante mi actitud, sino que oró a ti pidiéndote sabiduría y pudo tocar la necesidad apremiante que había en mi corazón, la falta de amor, es increíble y el Señor jamás deja de sorprenderme, ¿será por eso que no me aburro de Él? Porque en ese instante oír mi nombre al lado de la palabra AMOR, fue lo que me hizo atender a aquel hombre. Gracias Señor porque como dice aquel canto: ¿Qué sería de mí si no me hubieras alcanzado? ¿Dónde estaría hoy si no me hubieras perdonado? Ante tanto amor solo puedo expresar, ¡¡¡HOLA, JESÚS ¿QUÉ TAL? SOY CARLOS!!! Aquí estoy rendido a tus pies desde aquel día. ¿Sabes? TE AMO